🚨Hoi An: tifón número 12, evacuación y farolillos
- Marta Gonzalez
- 12 nov 2025
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 30 nov 2025

🚖 De Da Nang a Hoi An
Después de unos días maravillosos en Da Nang, donde me sentí como en casa y de que mi blog ya empezaba a contar historias, impulsadas por el despiste de no alargar nuestra estancia en el hotel a tiempo, llegamos a la famosa Hoi An.
Este pueblo, patrimonio de la Unesco, tampoco estaba en mi itinerario porque, aunque es famoso por su arquitectura y sus farolillos que alumbran la noche, sabía que sufría de inundaciones frecuentes.
Da Nang está a media hora en taxi de Hoi An y, precisamente, por estar tan cerca de esta joya turística, nos dirigimos hacia allí. Los últimos pronósticos siempre anunciaban lluvias intensas en Da Nang, pero, afortunadamente, fueron normales. Además, mi amiga Anne no conocía el Vietnam rural del que yo tanto le había hablado.
Yo reservé un hotel en las afueras de la ciudad y mi amiga, uno al lado del río. Anne no había experimentado ningún tifón todavía y era bastante reacia a confiar en los pronósticos meteorológicos que yo le comentaba. Yo había vivido carreteras bloqueadas por desprendimientos, arrozales inundados, tours cancelados por el aumento del nivel del río. Estas situaciones fueron mis maestros y me habían enseñado que los ríos o los valles son las zonas más afectadas por la temporada de tifones.
🚧 Primeras impresiones: ruido y obras
Llegué a mi alojamiento y, aunque esta vez la habitación reflejaba lo que había visto en las fotos, delante de mí había una explanada con excavadoras trabajando. Algo que, como ya he comentado en otros capítulos de esta aventura, sucede por todos los sitios. El ruido era bastante molesto y comprendí que ese hotel no era el sitio para continuar mi proceso creativo.
Llamé a mi amiga para preguntarle cuál fue su primera impresión y ella también tenía una construcción delante de su ventana. Acordamos vernos después para cenar y comenzar el ritual de búsqueda del alojamiento.
☂️ Exploración bajo la lluvia
Llegamos con un cielo nublado, pero no llovía. Movida por el ruido constante de los trabajos de construcción, decidí ir a dar una vuelta de reconocimiento por el pueblo. Ahí comenzó a llover, justo cuando iniciaba mi exploración. Saqué mi poncho, me puse los cascos y me adentré en el famoso Hoi An.
Los precios de los hoteles eran mucho más caros que en Da Nang. Todo parecía hecho para el turismo. Seguí andando, adentrándome en callejones más alejados del centro y llegué al lago. Allí encontré dos hoteles que se ajustaban a nuestro presupuesto. Llamé a mi amiga y quedamos para cenar. Seguía lloviendo sin parar y yo, después de la vuelta de reconocimiento, ya estaba empapada.
Nos sentamos en el primer bar que encontramos y comentamos nuestras primeras impresiones. Ninguna de las dos nos enamoramos del lugar y caíamos en la comparación constante con la vibrante ciudad de Da Nang. Decidimos vernos al día siguiente para el desayuno y disfrutar del famoso barrio amarillo.
⛈️ La lluvia no cesa
El sonido de la lluvia me dio las buenas noches y los buenos días al día siguiente. Se notaba que no había parado de llover y que tampoco tenía intención de hacerlo. Las calles empezaban a inundarse, pero nosotras teníamos la misión de encontrar nuestro alojamiento lejos de los ruidos martillantes.
Elegimos un hotel con vistas al inmenso lago de Hoi An. Acordamos con la dueña mudarnos a la mañana siguiente y aunque le ofrecimos pagar un depósito, no quiso. Ahora pienso que ella sabía lo que se acercaba.
🌂 Turismo entre cafés y paraguas
Seguía lloviendo a cántaros y decidimos hacer un parón en un café al lado del río. No era la mejor situación para hacer turismo, pero queríamos ver con nuestros ojos lo que todo el mundo viene a visitar de esta pequeña ciudad.
Ya en el barrio histórico nos percatamos de que había una infinidad de tiendas en las que todos vendían lo mismo. Volví a tener la sensación de que era un lugar diseñado para turistas. Cada vez que la lluvia apretaba, nos refugiábamos en un café y observábamos la vida pasar desde las ventanas.
💦 El río desbordado

El día fue transcurriendo entre tiendas, paraguas, kimonos y filas de turistas. El atardecer se acercaba y, aunque estábamos cansadas y empapadas, queríamos ver el río alumbrado con sus farolillos de colores.
Dos calles más allá había un grupo de turistas echando fotos sin parar. Nos acercamos hasta el enjambre. La sorpresa fue que la gente retrataba el desbordamiento del río. El agua se adentraba en las calles y los negocios empezaban a cerrar. Nos pareció gracioso, pero no pensamos en el alcance que llegaría a tener.
Cuando nos acercamos al puente, nos dimos cuenta de que el nivel del agua había subido notablemente. Mi amiga se alojaba al lado del río y estaba preocupada. La acompañé hasta su alojamiento, pero en aquella parte el caudal del río todavía estaba contenido.
De camino hacia mi hotel sentía que era hora de dejar Hoi An. Me decepcionó bastante, así que decidí reservar el billete para mi siguiente destino. De nuevo, el sonido de la lluvia intensa me dio las buenas noches.
🛟 Evacuación inesperada
A la mañana siguiente, una llamada de mi amiga me despertó. La estaban evacuando del hotel porque el agua estaba entrando en su alojamiento. Me mandó una foto, la que he puesto en la portada, y me asusté. Efectivamente, el agua le llegaba a la rodilla. Le sugerí venir a mi hotel porque en mi zona no había inundaciones.
Ella, en medio del estrés y el miedo, cogió un taxi y se volvió a Da Nang, la que sentía como su casa. Me llamó por teléfono de nuevo: la carretera era difícil de transitar y los taxistas habían triplicado el precio del viaje por las circunstancias. Acordamos encontrarnos en otro destino cuando acabara su tratamiento dental en Da Nang.
😌 La salida: alivio y despedida
Cada vez llovía más fuerte y temía que el autobús reservado no pudiera salir de aquella inundación. Bajé a recepción y me ayudaron a contactar a la empresa para asegurarme de que todo iba bien y que la carretera no presentaba ningún peligro. La señora me transmitió tranquilidad y volví a mi habitación para esperar la hora de escapar del tifón número 12.
Justo cuando dejaba el hotel, la lluvia se tomó un descanso. Así que era hora de comer algo y prepararme para las 14 horas que me esperaban en mi querido sleeper bus para llegar al sur del país, Da Lat.
Tras subirme al sleeper bus, esta vez una compañía diferente, pero igual de recomendable, me sentí aliviada. Al fin y al cabo, aquellos buses se sentían como un refugio ante las adversidades. Nunca me había sentido tan contenta de dejar un lugar atrás.
Hoi An no es un sitio al que volvería, ni en la estación de lluvia ni en la seca. No hubo nada que me hiciera palpitar el corazón, simplemente un decorado para turistas. Paisajes bonitos los encuentras en cada rincón del país y su arquitectura, desgraciadamente, se cubría con tenderetes y carteles que intentaban atraer al comprador.
💡Cuando el viaje enseña lo inesperado
Hoi An no fue lo que esperaba. No me enamoró, no me inspiró, no me abrazó como lo hizo Da Nang o Sapa. Pero me enseñó algo que ningún folleto turístico menciona: cómo se vive cuando el agua lo invade todo, cómo se siente la incertidumbre cuando el entorno se transforma en amenaza.
A veces, los viajes no nos regalan postales, sino lecciones. Y aunque no volvería a Hoi An, me llevo la certeza de haber estado allí cuando la ciudad mostró su rostro más vulnerable. Pero viajar también es eso: estar presente.
¿Te apetece seguir conociendo Vietnam? Te invito a viajar conmigo a Da Lat, la capital del café y las flores.
¿Has vivido alguna situación en la que te sentiste amenazada por las fuerzas de la naturaleza? ¡Cuéntamelo!
Si estás preparando tu viaje a Vietnam, puedes leer mi lista de consejos prácticos.
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