🌲1. Dalat: la capital de las Highlands
- Marta Gonzalez
- 26 nov 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 30 nov 2025

Las lluvias no me dieron tregua. En apenas un mes, lo que debía ser un viaje de tres se convirtió en una huida hacia el sur. Había llegado a Dalat, la capital del café y las flores, huyendo de las inundaciones. Durante mi viaje, vi la vulnerabilidad del país y me confronté con la mía como viajera.
Salí de Hoi An con la lluvia golpeando el bus. Mientras en el casco antiguo la ciudad se desbordaba, a unas calles de distancia todo parecía un día cualquiera de lluvia. Me acomodé en mi cama del bus y me refugié en una película. Estos buses han sido un verdadero refugio durante este viaje. Aquí te dejo mis desventuras en Hoi An.
A las pocas horas, en la carretera, el bus se detuvo. El silencio y la tensión llenaron el bus mientras los ríos de agua corrían por mi ventana borrando la visibilidad. Al poco tiempo seguimos avanzando, pero noté un desvío: un accidente nos obligó a cambiar de rumbo.
Tuve la sensación de que esto ya lo había vivido. Me transportó al inicio del viaje, de Hanoi a Sapa. Como si la carretera me recordara que los viajes, igual que la vida, se repiten en espirales: cierres y comienzos que se entrelazan.
🏔️ La capital del café y las flores: mi llegada a las Highlands
Llegué a Dalat temprano en la mañana. El cielo estaba nublado y la temperatura era fresca. Dalat, capital de las Highlands centrales, rodeada de colinas y bosques frondosos. El paisaje, de nuevo, me transportaba a Sapa y su naturaleza salvaje. Me sentí aliviada. Aquella tensión de Hoi An ya no viajaba conmigo.
Al salir del bus e intentar reservar un Grab para llegar al hotel, mi internet no funcionaba. Por suerte, había muchos viajeros en la estación y les pedí amablemente que me reservaran el Grab. Cuando fui a pagar al conductor, me informó —con Google Translate— que el servicio ya estaba pagado. Aquellos viajeros habían cubierto mi viaje. Fue como un regalo del universo, compensando la experiencia de Hoi An. Es un buen comienzo — pensé.
El hotel reservado no se parecía en nada a las fotos de Booking.com. Me reí: ya estaba acostumbrada a esa situación. La recepcionista, que dormía en el sofá de la recepción, me informó que hasta las 14:00 no podía hacer el check-in. Me cambié y salí a inspeccionar la zona.
🌿 Un café, una voz y un hogar llamado Tara’s House
Me metí en el tráfico de hora punta y llegué a un café con vistas impresionantes: Morning in Town Café. Mirando la naturaleza, agradecí haber llegado sana y salva después de lo ocurrido en el centro de Vietnam.
De repente, una voz enérgica me dio los buenos días: era una chica alemana, Pina. Me contó su estilo de vida nómada: trabaja como creadora de contenido. Fue una señal de que mi viaje en busca de otros estilos de vida seguía por el buen camino.
Acabé mi café y me invitó a conocer la casa donde vivía. Aquel lindo hogar, Tara House, irradiaba energía positiva, rodeado de naturaleza y con un café vietnamita, otro de esos lugares en los que el tiempo se detiene. El tiempo pasó sin darme cuenta, entre conversaciones de baile y viajes.
Hice el check-in y me instalé en mi habitación. El baño no estaba muy bien, pero tenía una terraza con vistas sobre la ciudad que me hizo decidir no buscar alojamiento por unos días. Además, la zona me encantaba: es el barrio que está debajo de Green Hills.
🏠 Entre rituales, lluvias y mudanzas inesperadas
Los días transcurrían entre lluvias ocasionales, descubriendo lugares nuevos y contando historias en mi blog. Me despertaba con mi ritual de agradecimiento en la terraza, café en mano. Me ponía a escribir y cuando acababa una entrada, me aventuraba por la ciudad y sus caminos. Tenía la sensación de que había encontrado otro “hogar temporal”.
En Dalat, donde menos llovió, pasé veinte días, y os dejo una lista de mis descubrimientos.
Lo del “hogar temporal” fue solo una ilusión momentánea. Y pronto, empezaron las constantes mudanzas.
Un día volví al hotel y me dijeron que tenía que cambiarme de habitación porque la mía estaba reservada. No entendí la situación porque había acordado con ellas que me quedaría diez días. La comunicación fue frustrante, pero sin discutir me cambié de habitación. No me gustó la situación, pero la acepté porque era feliz en el día a día.
La nueva habitación, incómoda y descuidada, me obligó a comenzar de nuevo la búsqueda, que he cumplido rigurosamente en todos los destinos vietnamitas visitados. Tras muchas vueltas encontré una habitación que me recordaba a mi “hogar” de Sapa. Feliz y contenta me cambié.
Dalat me estaba enseñando a aceptar la impermanencia, había dejado de frustrarme. Hasta en medio de la inestabilidad estaba encontrando la felicidad. ¿Te apetece seguir conociendo Dalat conmigo? ¿Has vivido en una Tiny House? Aquí te lo enseño.
¿Has sentido alguna vez que un lugar temporal se convirtió en hogar? Cuéntamelo en los comentarios.
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