🔄2. Dalat: Tiny House y ciclos que se cierran
- Marta Gonzalez
- 29 nov 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 30 nov 2025
En mi primera entrada sobre Dalat os conté cómo llegué a la capital de las Highlands huyendo de las lluvias, mis primeras impresiones de la ciudad y el aprendizaje de aceptar la inestabilidad como parte del viaje.
En esta segunda quiero compartir cómo Dalat me reveló el siguiente paso en mi camino para crear un nuevo estilo de vida. Y que en la vida los ciclos se repiten.
📦 La Tiny House: señales de un nuevo estilo de vida
En la primera noche que pasé allí empezó a llover copiosamente y, al ir al baño, una gota me cayó en la cabeza. No me lo podía creer: la habitación tenía goteras y el tifón 13 anunciaba lluvias torrenciales. Así que, al día siguiente, vuelta a buscar alojamiento.
La zona me encantaba porque era tranquila y Pina, mi nueva amiga, vivía por allí. Aunque no nos veíamos siempre, coincidíamos en que tenernos cerca nos hacía sentir más seguras. Además, Anne se había quedado en Da Nang terminando su tratamiento dental, y la vida social era un elemento importante de mis días.
Al segundo día de buscar alojamiento, viniendo de visitar un monasterio budista de mujeres, pasé por unos bungalows en forma de casa hobbit. Me sorprendió encontrar algo así en medio de tantas casas. Sentí que era la oportunidad de probar una tiny house, quizá parte de mi nuevo estilo de vida. Parecía un oasis en medio del hormigón. Reservé tres noches en The Hobbit Bungalow.

🟢 Casa Hobbit: un refugio perfectamente imperfecto
Al día siguiente salí de la habitación con goteras y llegué a mi casa Hobbit. Antes de abrir la puerta sentí que todo era perfecto. Estaba feliz porque aquella casita era una experiencia nueva. Pero al abrirla, un olor a humedad y a cerrado me recibió. Ya empezamos, pensé. Abrí las puertas para ventilar mi bungalow, me senté en el precioso jardín y reflexioné sobre las mudanzas constantes en mi viaje. —Será mercurio retrógrado… paciencia—.
Al caer la noche fresca de Dalat, me tiré en el sofá a ver una película. Cuando fui al baño, una gran cucaracha roja corría por la pared. ¡Otra vez cucarachas! Me recordó la situación de mi homestay en Sapa. Por suerte, la hermana del dueño de los bungalows se alojaba en el de al lado. Ella, muy amablemente, se encargó de la inquilina del baño. Me acosté algo tensa, pero caí rendida enseguida.
Al día siguiente hablé con el dueño y pacté una semana en un nuevo bungalow, más amplio. No había humedad ni rastro de compañeras de piso. Sigamos disfrutando de Dalat y sus rincones —pensé.
🖋️ Taller de escritura: pertenencia, vulnerabilidad y nuevos caminos
Ese fin de semana, Pina me invitó a un taller de escritura. Me pareció una gran idea, ya que de eso trataban mis días. Otra señal del universo para animarme a seguir mi nuevo camino. Por supuesto, el taller era en inglés y había gente de muchos países, todos con sus estilos de vida nómada. Empezamos el ejercicio y el título fue “El sentido de pertenencia”. Como explicó Isis, nuestra anfitriona, es un aspecto importante de la vida nómada.
Curiosamente, este sentimiento fue una herida que arrastré hasta el verano de 2025, y que, gracias a las palabras de Carl Jung y a la serenidad de Suiza, se disolvió.
Cuando terminé de leerlo, estaba temblando, porque tengo miedo a mostrarme vulnerable. Es algo en lo que estoy trabajando y el examen será publicar este blog. Las caras de los asistentes al taller, especialmente la de Isis, fueron de sorpresa. Todos me animaron a seguir mi camino de escribir.
En ese taller también conocí a una chica argentina, Geraldine. Ella es arquitecta de Buenos Aires y dejó todo para viajar y buscar un modo de vida más conectado con el arte. Recorre el mundo haciendo residencias artísticas. Otro nuevo modo de vida inspirador.
🔗 Vida en comunidad
Al día siguiente, Geraldine decidió mudarse al bungalow de al lado. Parecíamos una pequeña comunidad: la vietnamita que se encargaba de las “cuquis”, la artista argentina, el americano y la filipina que estaban viajando por el mundo. Viajeros y creativos, el perfecto espejo de mi vida.
Una mañana, pensando en mi terraza, con el sol asomando por el horizonte, me convencí de que eso es lo que quiero en mi nueva vida: formar parte de una comunidad con intereses comunes, pero manteniendo mi privacidad. Y creo que será el siguiente paso. No sé si lo encontraré, pero voy a por ello.
Geraldine también fue recibida con humedad y cucarachas. El agua caliente tampoco funcionaba. Pero la vida en comunidad era tan interesante que todo lo demás quedaba en un segundo plano.
Un día, volviendo al bungalow, recibí un mensaje del dueño recordándome que al día siguiente era el día del check-out. ¡Habían pasado diez días sin darme cuenta! ¡De vuelta a buscar alojamiento! Me despedí de mi comunidad de creativos y me mudé cerca de Pina, con la sensación de que algo estaba llegando a su fin.
✈️ Dalat: despedida entre lluvias y nostalgia
Esa semana comenzaron lluvias torrenciales, pero fue muy productiva, digitalmente hablando. Como consecuencia, hubo desprendimientos que cerraron las carreteras y la única salida parecía el avión. Yo adelanté un vuelo que tenía a Kuala Lumpur y Pina se vino conmigo.
En Dalat sentí que el viaje me devolvía todas sus escenas: carreteras bloqueadas, montañas en niebla, cucarachas y refugios improvisados. Era un espejo de mis pasos, recordándome que cada desventura también fue aprendizaje. Cuando la ciudad quedó aislada por las lluvias, lo entendí como una invitación: Vietnam me pedía cerrar un ciclo y agradecer lo vivido.
Si quieres leer cómo viví mi despedida de este país que tanto me transformó, te invito a continuar aquí.
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