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🤔 Y se acaba, como todo lo bueno

  • Foto del escritor: Marta Gonzalez
    Marta Gonzalez
  • 18 nov 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 30 nov 2025


Pasillo cubierto en el aeropuerto de Da Lat, Vietnam, decorado con banderas rojas del país y del Partido Comunista; viajeros con equipaje caminan hacia la salida. Imagen tomada al dejar el país.
Aeropuerto de Dalat

Y se acaba, como todo lo bueno...

 

Hoy no podía dormir. No por preocupaciones, sino porque mi cabeza quería hacer otra cosa. Quería escribir. Porque habló con mi corazón y le dijo que era hora de dedicarle unas palabras a este bonito país que tanto me ha enseñado.


Vietnam. Aquel país que estudiaba desde mi apartamento de Zürich, que conocí a través de blogs de viajeros, se hizo realidad. Llegué con la mochila cargada de incertidumbre, sola y con el reto de iniciar un nuevo estilo de vida. Y me marcho con la misma mochila, sola también, pero dispuesta a ir a por mi sueño.

Porque aquí conocí a una nueva Marta. La que, a pesar de las dudas, encuentra una voz interna que le empuja a seguir probando dónde estará esa nueva forma de vivir.


Ha sido la primera vez que he viajado en temporada de lluvias en Asia. Y ahora lo entiendo. Fue la lluvia la que me ayudó a sentarme cada día frente al ordenador. La que me inspiró historias. La que me mostró que empezar el día creando cambia el día entero. Gracias a ella, me infiltré en el mundo digital. Y créeme, para una mujer nacida en la era analógica, eso no es poca cosa.


He echado de menos el silencio. Ese silencio que vivía en mi apartamento de Zürich. Me frustró no poder comunicarme en inglés con los locales para reír o llorar. Pero todo valió la pena. Porque de eso se trata un viaje: de adaptarte, de enfrentarte a ti misma, de sobreponerte y de llenar el alma con lo vivido.


Me sorprendió ver cuántas personas tienen su propio emprendimiento. Cafés donde el tiempo se detiene. Me hubiera gustado entender mejor cómo funciona este país comunista, el primero que visito, para ampliar mi mirada del mundo.


Vietnam me enseñó que la perfección no importa. Que basta con que todo funcione para seguir adelante. ¿Qué puedes comer con mantras budistas de fondo? Que honrar a tus ancestros cada mes los hace más presentes.


Me presentó a personas que me mostraron dónde tengo que seguir creciendo. Y a otras, que creyeron en mí desde el primer momento. Uno de esos encuentros fue un taller de escritura. Allí, escribiendo en inglés, entendí cuánto había evolucionado al aceptar mi sensibilidad. Porque ahora, en el bello mundo de contar historias, me siento más yo.


Me sentí en casa. Donde la naturaleza y el arte te devuelven al presente, a lo que importa, a tu paz interior. Aunque también vi una sociedad en la que a veces importan más los filtros que lo auténtico.


La calidez de su gente, el sabor de su café, la variedad de su comida vegetariana… Vietnam ha puesto el listón muy alto. Sus paisajes de fondo de pantalla, sus montañas envueltas en niebla, sus arrozales, sus playas, sus pueblos históricos… han dibujado un mapa que no se me va a borrar.


Hoy me preguntaron si volvería. Me llevo un buen recuerdo, y eso es lo que cuenta. Pero si no vuelvo, no es por ti, Vietnam. Es por mí. Porque un alma viajera como la mía aún tiene muchas culturas por descubrir, muchos caminos por recorrer.


Y a vosotras, futuras viajeras, os animo a recorrer este lindo país. Porque viajar sola no es estar sola. Es encontrarte. Y Vietnam es un lugar perfecto para empezar.


Gracias, Vietnam, por abrazarme. Por hacerme sentir segura. Por recordarme que todo irá bien. Sigue creciendo, pero no pierdas tu esencia.

 

Y se acaba, como todo lo bueno...

Pero habrá un día en que todo comience de nuevo.


¿Qué país te ha transformado a ti? Cuéntamelo en los comentarios.


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