🌧️ 1. Llegada a Sapa: entre niebla y tifones
- Marta Gonzalez
- 12 nov 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 30 nov 2025

Tras unos días intensos en Hanoi —que relato en mi primer post— emprendí un viaje de 12 horas a Sapa. Entre desprendimientos en la carretera y siestas en mi querido sleeper bus, llegué al destino que tanto había soñado.
Sapa fue la razón que me inspiró a conocer Vietnam y el motivo de viajar en temporada de lluvias. Siempre había estado en Asia en época seca, pero aquí el clima me obligaba a venir antes del invierno.
🏔️ Sapa: la “Suiza” asiática
Sapa, en el norte de Vietnam y cerca de la frontera con China, alberga el Fansipan, la montaña más alta de Indochina, con 3.184 metros. Conocida como “la Suiza asiática”, atrae a montañeros de todo el mundo por sus rutas de trekking.
Yo, amante de las caminatas desde mis años en Suiza, no podía faltar. En Zürich, caminando por las montañas, aprendí a escucharme. Después del caos ruidoso de Hanoi, Sapa me devolvía esa sensación, pero con un aire más salvaje, como volver a mí en otro idioma.
🥢 Mi llegada a Sapa: fotos que mienten y comida que enamora

Al hacer el check-in en mi hotel, volvió esa sensación familiar: las fotos de Booking.com no coincidían con la realidad. Ya me había pasado en Hanói y se va a repetir durante los dos meses de viaje.
Eran las 21:00 y, habiendo dejado atrás las preocupaciones, mi estómago quería seguir probando manjares de la cocina vietnamita. Dejé mis maletas y salí en busca de un restaurante vegano.
En Vietnam, una vegetariana como yo puede disfrutar sin complicaciones, ya que comer bien es barato y hay muchas opciones. A pocos minutos encontré mi lugar predilecto: Yen Vegan Restaurant & Bar.
☕ 1º día: Cafés, niebla y creatividad
Tras una llegada difícil, el amanecer me regaló un momento de calma mágico. Era justo lo que necesitaba para volver a confiar en el viaje. Desperté con una niebla mística envolviendo las cumbres.
Decidí celebrarlo con uno de sus sabrosos cafés, mi variedad favorita. El sitio elegido para dar comienzo a este nuevo estilo de vida fue The Mist, un rústico pero encantador espacio frente a mi hotel. Su nombre, que se traduce como “la niebla”, parecía haber sido escrito para ese momento.
Con el portátil abierto y la bruma como telón de fondo, me atreví a dar el primer paso. Allí empecé a escribir. Era el inicio de algo que llevaba años gestándose en silencio y que no me atrevía a hacer. Aquellos borradores me hacían creer más en mí. Hay días en los que dudo, en los que todo esto parece una locura. Pero otros, siento que estoy construyendo algo para mí.
Después de unas horas de concentración, necesitaba estirar las piernas. La lluvia empezaba su jornada laboral y, con mi poncho, decidí descubrir otro de esos rincones con olor a café, esta vez con vistas inspiradoras.
El sitio elegido fue Viettrekking, en mi lista de favoritos. La niebla seguía habitando las montañas de Sapa, pero alcancé a ver el antiguo tren que lleva a los turistas al funicular para subir al Fansipan. Ver ese tren me recordó por qué había venido: para avanzar, aunque al inicio todo se ve "nublado".
Otro café saboreado y el alma contenta me animaron a buscar mi siguiente alojamiento, ya que en el actual solo había reservado dos noches.
🏡 2º día: Homestay, cuando el alojamiento no cumple
Desde el momento en que estudiaba Sapa, desde mi apartamento de Zúrich, soñaba con alojarme en las montañas, en un homestay (un típico alojamiento en una casa familiar). Así que reservé un bungalow con vistas serenas, ideal para trabajar en mi proyecto.
A las 17:30, de noche, llegaba al alojamiento y apenas se distinguía el entorno. Al salir del taxi, se me cayó el alma al suelo. Esta vez, era peor que las anteriores.
En recepción, mi reserva había sido ignorada y me ofrecieron otra habitación. Al abrir la puerta, un olor insoportable a humedad me golpeó sin miramientos. Me cambiaron a una categoría superior, pero estaba junto a la carretera: motos y camiones no dejaban de pasar.
Cansada y sin opciones, salí a pasear. No había luz en los alrededores, así que volví al habitáculo, que me recordaba la contaminación acústica de Hanoi. Me lavé los dientes, me puse los tapones y cerré los ojos. ¡Mañana será otro día! —pensé.
🪳 3º día: Cucarachas y más decepciones
Al despertar, vi una cucaracha. Hora de buscar otro alojamiento. Salí a caminar para despejarme y, al subir la cuesta de regreso a Sapa, me topé con un gran desprendimiento. Otra razón más para salir de ese agujero.
Busqué otro alojamiento por Airbnb, cerca de mi restaurante vegano. Volví al homestay, pagué mi noche y me subí a un Grab (el superútil Uber asiático).
¿Qué pasó allí? Más de lo mismo: habitación sucia, puerta que apenas cerraba y la preocupación de que una araña se colara sin invitación, por el espacio que había entre el suelo y la puerta.
🎒 Entre la niebla, las expectativas y el inicio de algo profundo.
Mi llegada a Sapa estuvo marcada por la lluvia, la niebla y una serie de alojamientos que no cumplían con lo prometido. Digamos que no era el mejor escenario para integrarse. Además, estaban las altas expectativas con las que llegué, y todos sabemos que no son buenas compañeras.
En medio de la incertidumbre, descubrí cafés mágicos e inicié el proceso creativo que me conectaba con mi propósito. Sabía que estaba en el sitio donde tenía que estar; solo tenía que tener un poco más de paciencia para encontrar mi “hogar” temporal.
En mi próxima publicación os contaré cómo encontré ese refugio, cómo viví el tifón número 11 y cómo, poco a poco, Sapa se convirtió en el escenario perfecto para crear.
¿Has viajado en temporada de lluvias? ¿Te has sentido como yo en busca de refugio? Cuéntamelo en los comentarios y suscríbete a seguir viajando.



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