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✨3. Sapa: claridad y señales de un nuevo camino.

  • Foto del escritor: Marta Gonzalez
    Marta Gonzalez
  • 12 nov 2025
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 30 nov 2025


Estación de funicular Fansipan en Sapa, Vietnam rodeada de vegetación verde, montañas altas, cielo azul y arquitectura rural.
Vista panorámica de la estación de funicular para subir a Fansipan

🏔️Fansipan: la montaña más alta de Vietnam


Fansipan, con 3.147 metros, es conocida como el ‘techo de Indochina’. Durante toda mi estancia, cada mañana miraba hacia la gran montaña, pero siempre estaba cubierta de nubes densas. Hasta que un día, el sol brilló y el cielo se despejó.


Aproveché para hacer los 40 minutos de trekking hasta la estación del funicular.  Al llegar, me encontré con una cola interminable. El sistema presentaba un fallo técnico. Fue frustrante: tanto tiempo esperando esa ventana perfecta, y justo cuando se abría, algo la cerró.


Me senté en una piedra, lejos del bullicio, y contemplé el paisaje. Desde allí, se percibían los edificios blancos que se hallan en la cima: un complejo budista donde se puede admirar la estatua de bronce a mayor altura de Asia.


Tuve la misma sensación que en Cat Cat. Decidí no visitarlo. Un santuario budista, rodeado de multitudes, no era el espacio que mi alma necesitaba ese día.


Aquí te dejo mis sitios favoritos y algunos consejos personales.


🧍La etnia Hmong: artesanía y contradicciones


Desde que llegué a Sapa, vi a mujeres de la etnia HMong en las calles, con sus coloridos atuendos y vendiendo sus artesanías. Todos los días me sentía presionada para comprar o reservar un trekking con ellas.


Se acercaban con una simpatía extrema y entablaban conversación preguntándome de dónde era. Siempre se repetía la misma situación. Cuando se daban cuenta de que no iba a comprar ni solicitar sus servicios como guías, la simpatía inicial se transformaba en distancia.


Al caer la noche, la plaza central se llenaba de turistas que observaban a niñas HMong bailar al ritmo de música electrónica. Frente a ellas, un plato para las propinas; detrás, sus madres, vigilantes.


Próxima a la plaza también vi a niños tirados en la calle, sucios y con un plato para pedir propinas a los turistas que paseaban por la calle. Los billetes pequeños que me quedaban en el monedero antes de irme a dormir por las noches se los dejaba a ellos.  Una manera de agradecer a Sapa lo que me había dado.


Acepté estas situaciones incómodas como parte de su forma de subsistir. 


🤝Voluntariado en Vietnam


Desde mi apartamento en Zúrich, mientras estudiaba Vietnam y lo que podía ofrecerme, encontré una asociación en Sapa que ofrecía voluntariados. En mis últimos viajes había participado en algunos voluntariados, a veces para ayudar a la comunidad y sumergirme en la cultura, y otras para reducir los costos de mi viaje intercambiando aptitudes.


Esos voluntariados eran como profesora de inglés o en la oficina de tours que gestionan. Decidí indagar más sobre el voluntariado en la oficina de tours. Pensé que, además de ayudar a la asociación, podría ser un buen empujón para el cambio de carrera profesional que tanto anhelo.


Los requerimientos eran demasiado exigentes: tres meses, seis horas al día y seis días a la semana. A cambio, me ofrecían una cama en una habitación compartida y una comida básica al día. Llegué a la conclusión de que no me dejarían energía para construir mi blog. Y ese era mi propósito.


Además, compartir una habitación durante tres meses, a mis 46 años, ya no forma parte de mi estilo de vida. Acabaría pagando mi alojamiento, mi comida y estaría en un “trabajo” que me robaría el sentido de aventura que he venido a vivir en Vietnam. Yo dejé mi trabajo como recepcionista de hotel en Suiza porque no tenía tiempo para mí. Y este voluntariado me sonaba a lo mismo.


Aprender a decir que no cuando algo es bueno para los demás, pero te quita tu tiempo y tu vida, es una lección que he aprendido hace poco, y me ha costado hacerlo.


🏯Una entrevista difícil, un monasterio vacío y una escultura que me devolvió la paz.


Como ya os he contado antes, uno de mis propósitos inmediatos era conseguir un trabajo como tour director. Días después de decidir que el voluntariado era demasiado exigente para mí en este momento de mi vida, me llegó un email invitándome a una entrevista de trabajo. El trabajo consistía en guiar autobuses de escolares americanos por Europa en itinerarios de quince días.


La invitación llegó por recomendación de una bella persona que trabaja para la compañía y que tuve el placer de conocer durante mi trabajo de recepcionista en Zürich. Estaba ilusionada —más bien, saltaba de alegría— porque la primera semilla de una nueva vida estaba asomando. Cuando dejé Zúrich, me propuse darme un año para intentar buscar otro estilo de vida y, si durante ese año no había ninguna señal de que estaba en mi camino, volvería a mi trabajo de recepcionista.


Pasé dos días estudiando historia del arte europeo. La entrevista fue difícil. El internet fallaba y la persona al otro lado de la pantalla no ponía buena cara. Al finalizarla, me di cuenta de que estaba nerviosa y recordé que en Sapa hay un monasterio budista en el cual puedes participar en meditaciones con los monjes que lo habitan.


El edificio era imponente, pero no había rastro de monjes ni de meditaciones. Estaba al lado de una carretera principal del pueblo, y el ruido del tráfico sobrepasaba la quietud del lugar. La ausencia de los monjes fue la invitación a convertirme en mi propia guía. La paz no está en el entorno, sino en nuestra capacidad de crearla.


Decidí volver a mi escultura del café Xavia Sapa, esa que me invitaba a abrirme al presente. Cuarenta minutos andando y estaba sentada frente a ella. Allí, mi energía se calmó. La naturaleza, el silencio y el arte me envolvieron. Recordé un podcast sobre estoicismo —algo que forma parte de mis mañanas sagradas— donde se habla de la famosa lección de vida: “todo pasa por algo”.


💫Reflexiones finales


Sin darme cuenta, se acercaba el día del check-out. Sapa y sus rincones estaban llenos de buena energía, pero llevaba 15 días sin socializar. Sentía la necesidad de compartir momentos y escuchar otras historias. La introspección y disfrutar de tu propia compañía están muy bien, pero socializar con el mundo te muestra de qué va tu vida.


En un rooftop, reflexioné sobre mi presente: tenía una idea clara de lo que era Sapa y me sentía lista para seguir explorando la cultura vietnamita. Y como si fuera una señal, una amiga viajera —a la que no veía desde 2019— acababa de llegar a la zona central del país. Era justo la chispa social que mi viaje necesitaba.


🧘Conclusión: Sapa, entre niebla, cafés y claridad interior


Sapa me recibió con tifones y cucarachas, pero también con niebla mágica, esculturas conmovedoras, cafés con vistas que inspiran y momentos de pura creatividad. Aprendí que no todo lo que brilla en las fotos es oro y que la belleza auténtica se encuentra en los rincones menos esperados.


Después de 15 días en Sapa, mi próximo destino será Ninh Binh, famoso por sus paisajes kársticos. ¿Me acompañáis?


Esta es la tercera parte de mi experiencia en Sapa. Puedes leer la Parte 1 aquí.


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