Tras despedirme de Sapa y antes de reencontrarme con mi amiga en Da Nang, decidí hacer una parada en Ninh Binh, tierra de montañas kársticas y paisajes de película. Entre lluvias persistentes, alojamientos poco acogedores y karaokes estridentes, encontré en Trang An un rincón de belleza serena que brillaba incluso bajo el agua.